Francisco Sosa

LA REBELIÓN DE ATAHUALPA

Por: Francisco Sosa Mandujano.

.

Disfrutamos del interminable grupo de danzantes en La Plaza Principal del Cusco, llamada Wajaypata en épocas incaicas, hoy en día sigue siendo el lugar ideal para reunirse, rodeado de hermosas galerías con sus múltiples tiendas de artesanía con diseños propios. Era momento de visitar a los complejos arqueológicos incaicos, estos son la atracción principal en los alrededores de Cusco. El 11 de junio, todo el día en auto contratado recorrimos primero Sacayhuaman, y de paso al Cristo Blanco desde donde se disfruta de una excelente vista de la ciudad. Seguimos a Tambo Machay, Puca Pucara y Qenko, al final visitamos la piedra de 12 ángulos y el monumento a Pachacutec. Qué maravilla.

.

EL HOLOCAUSTO DE LOS INCAS.

El nuevo jefe Huascar, dotado del carisma de dirección, fue reconocido como el descendiente del lejano progenitor que está en su tumba bien conservado; este a su vez descendía del fundador del ayllu y, por lo tanto, de su espíritu soberano. La secuencia era: jefe vivo, jefe momificado, fundador humano y espíritu fundador. Para todos los pueblos andinos, el espíritu fundador por excelencia era el wari. Según la creencia, el wari había creado todos los grupos humanos organizados en comunidades y aldeas.

Desde su coronación, Huáscar mostró cual sería el perfil de su reinado. Contra la costumbre, no permitió que el willaj-umu, tío suyo, sacrificase a un pequeño como ofrenda a los dioses. Sorprendido, el sumo sacerdote prosiguió la ceremonia pronunciando la oración ante la imagen del dios Wiracocha en el Coricancha, que era el templo mayor de los incas en el Qosqo. Como Wiracocha era un dios trascendente, no ubicable en el espacio, ambiguo (ni macho ni hembra), superior al propio Sol al cual había creado, se le representaba como un ser humano con barba y vestido con un hábito talar, en su propio templo de Kacha.

La oración decía: «Señor, esto lo ofrecemos [una llama en sacrificio], porque nos tengas en quietud y nos ayudes en nuestras guerras y conserves a nuestro señor el Inca en su grandeza y estado, y que vaya siempre en aumento y que le des mucho saber para que nos gobierne.»

Hay quienes piensan que la causa del fracaso de Huáscar fue su carácter grave e innovador. Ocupado siempre en asuntos de Estado, eludía las actividades sociales como salir a comer en la plaza pública, costumbre entre los incas, lo que le restaba popularidad dentro del estrato de la nobleza. Decían. que Huáscar sería castigado por los dioses por introducir tantos cambios en la ciudad buscando corregir lo que él consideraba actitudes relajadas.

Entre otras cosas, mando enterrar a los muertos que antes andaban entre los vivos, y les quito todo lo que tenían, que era lo mejor del reino, contrariando la costumbre religiosa inmemorial de que los muertos debían ser servidos como si fueran vivos, dotándolos de vajillas de oro y plata. Es más, la mayor parte de la gente de servicio, tesoros, alimentos, gastos y vicios estaban en poder de los muertos y de los vivos que los atendían, pues estos sirvientes «vivos» interpretaban así lo que según ellos era la voluntad de los muertos. Cuando tenían deseos de comer o de beber, decían que era deseo de las momias; si querían ir a holgar a casa de otros, decían que era costumbre irse a visitar los muertos unos a otros y hacían grandes bailes y borracheras. Algunas veces iban también a casa de otros vivos y estos a las suyas. Huáscar también trato de acabar con las inmoralidades que fomentaban algunos malos sacerdotes y muchos nobles; ello le granjeo enemistades y más de una intriga palaciega.

Atahualpa envió sus saludos al recientemente coronado Sapan Inca Huáscar, acompañados con muchos y muy ricos presentes para la madre del soberano, Mama Ragua Ocllo, y su esposa, la coya Chuqui Huypa. Atahualpa era un hombre joven de unos 31 años, con un cuerpo bien proporcionado, algo grueso y recio, rostro grande y hermoso, así como feroz. Sus ojos eran rojizos y encendidos. Hablaba con gravedad y reposo; era lucido y juicioso, alegre, inteligente y comunicativo. Con los obsequios iba la petición de que su hermano le concediese la gubernatura de Quito.

Accedió Huáscar con cierto recelo, recomendándole que fuera cuidadoso, para lo cual le enviaría más tarde instrucciones precisas. Atahualpa obviamente se alegró por la respuesta afirmativa, pero desde el primer momento las habladurías e intrigas entre sus parientes y algunos rivales, come, Ullco Colla, señor de los cañaris, junto con el gobernador de Tomebamba, sobre una posible conspiración, produjeron desconfianza en la persona de Huáscar y una intensa animadversión hacia su hermano, cuyos enviados eran recibidos de manera desdeñosa.

Al poco tiempo, Huáscar mando ejecutar a algunos personajes considerados como conjurados, entre los que se hallaban un tío y un hermano suyo. Entre tanto, en el norte se sublevaron los huancavilca, pero fueron rápidamente sofocados y casi ex-terminados por Atahualpa. Después se llegaría a decir que esta gente se había revelado más bien contra Atahualpa, quien los quería atraer a su propia causa.

Poco a poco llegaron rumores, cada vez más intensos, de la belicosidad de Atahualpa, cuya ambición al parecer iba en aumento. Se difundió la versión de que se había apoderado de las ricas andas que su padre Huayna Cápac dejo en Tomebamba, así como de las más finas y delicadas ropas que se guardaban en los depósitos, argumentando haber sido designado por su padre Huayna Cápac antes de morir, como señor de esa parte del imperio, la cual sistemáticamente logro polarizar a su favor, ya fuera valiéndose de la persuasión o por la fuerza.

Después de consultar a sus consejeros y temeroso de un alzamiento de grandes dimensiones y de funestas consecuencias que sumiría al imperio en una guerra civil, Huáscar solicito la presencia de su hermano, pero este se negó en varias ocasiones aduciendo que le podría ocurrir algo negativo por la cantidad de enemigos que tenía.

La reiterada negativa de Atahualpa de no comparecer ante su hermano fue la gota que rebaso la paciencia del Inca, quien vio en todo ello una verdadera ofensa a su autoridad. Fue entonces cuando dispuso la organización inmediata de una expedición punitiva.

Atahualpa gozaba de gran prestigio entre el grueso del ejército y su oficialidad, que se hallaba acantonado en el norte, por lo que inmediatamente recibió apoyo multitudinario, aclamándosele por sus dotes de caudillo.

Huáscar, por su parte, dio órdenes para que un poderoso ejército sometiera al supuesto rebelde, encomendando la jefatura al general Atoc, al que se unieron las fuerzas de Ullco Colla con sus cañaris y tomebambas.

Atahualpa, sabiendo de la amenaza que se cernía sobre él, llamo a sus generales Calcuchimac y Quisquis, pero primero mando mensajeros al encuentro de Atoc para interrogarlo sobre sus intenciones. Al confirmarle que iba a apresarlo, se iniciaron las cruentas luchas que inmediatamente produjeron una inesperada derrota en el bando quiteño cerca de Tomebamba, cayendo prisionero el propio Atahualpa, quien fue conducido a prisión. Continuará…

0 0 Votos
Article Rating
Subscribe
Notify of
guest
0 Comments
Oldest
Newest Most Voted
Inline Feedbacks
Ver todos los comentarios
error: Contenido Protegido !!
Scroll al inicio
0
Me encantaría leer sus comentarios.x
()
x