ALGO MÁS SOBRE LA EXPERIENCIA XENDRA
Por: Francisco Sosa Mandujano
Cuando me enteré por primera vez por la lectura de la revista Lo Insólito en el año de 1977, que decía que un grupo de jóvenes peruanos tenían contacto con seres extraterrestres, y que estos seres daban una preparación, instrucciones y experiencias al interior de los grupos de contacto, para acelerar un contacto con ellos, lo tome como que para mí estaba lejos de ser alcanzado, que esos jóvenes eran especiales y yo no era nada especial, esos jóvenes podían recibir comunicación psicográfica, podían dar conferencias, podían viajar a distintos lugares y yo no podía hacer nada de esto. Lo que inicialmente me emocionó fue el mensaje, conociendo mis limitaciones, concluí que no era para mí.
Transcurrieron más de dos años, y la última quincena de 1979, la revista anunciaba que en el N° 50 (que era la que tenía en mis manos) terminaba su edición, era la última, allí estaba también la última entrevista a Sixto Paz Wells donde narraba que 240 personas seleccionadas de todo el Perú estaban teniendo su contacto físico en el desierto de Chilca-Lima.
Había sido un tremendo descuidado y me interrogaba ¿Por qué había perdido tanto tiempo? ¿Es cierto entonces esto del contacto extraterrestre en Lima? ¿Será cierto que los extraterrestres entregan una preparación y experiencias? En mi interior resonaban estas interrogantes y resonaban también las respuestas. Me hice una promesa ¡No pararé de buscar hasta encontrarlo al grupo de contacto Rama! y comprobar por mí mismo que esta maravilla es cierto o no. Lo busqué sin parar y cuando lo encontré su mensaje me encajó perfectamente en lo que sentía en mi interior. <Lo espiritual> que lo necesitaba, aunque no entendía en su magnitud, que todo estaba en mí, debía empezar a cambiar. “El cambio era el mensaje”
La primera quincena de 1980 estaba tocando la casa de los padres de Sixto, Sixto me abrió la puerta, pero eso es otra historia que podré contarlo más adelante, hoy vamos a hablar de mi experiencia Xendra.
El 22 de enero de 1980 – Sexto aniversario de Rama Misión, los grupos del Perú se aprestaban a realizar salidas al campo, auspiciados por los seres extraterrestres, donde se darían iniciaciones, no me lo podía perder por nada del mundo. En aquel tiempo trabajaba y vivía en La Oroya, provincia de Yauli. Decidido estaba en participar y vivir las experiencias que sabía por lo que había leído que eran espectaculares.
Llegó el día, gran cantidad de hombres y mujeres con mochila al hombro ascendíamos al cerro de Santa Rosa de Ocopa, provincia de Concepción, región Junín, que se encuentra a media hora de Huancayo. Una vez llegado al lugar, previamente ubicado por los Instructores de los grupos, se instalaron las carpas, luego empezamos con la presentación de los participantes, el trabajo de armonización y demás.
En el ocaso, los “antenas” (personas que reciben comunicación psicográfica) nos comunicaron que los Hermanos Mayores habían señalado que se darían las experiencias del Nombre Cósmico, de los Cristales de Cesio y el paso del Xendra, mi emoción iba en aumento, pues por lo que había leído, sabía que estas eran fabulosas y tendría la oportunidad de vivirlo, como era nuevo y no tenía la orientación debida, me hice ideas y preconceptos, lo que es un error, pues la experiencia lo vive cada uno de acuerdo a su preparación y nivel de conciencia. Cada experiencia es diferente.
Para el nombre cósmico anotaron nuestros nombres los antenas para consultarlo a los Guías, se nos pidió que nos “armonizáramos mucho” ese tiempo no tenía claro el concepto. Para la recepción de los Cristales de Cesio formamos grupos de 12 y en círculo, con fervor religioso trataba de seguir el canto que se había dado inicio, -pues ni siquiera sabía una canción- pero tarareaba con entusiasmo, al mismo tiempo oraba, sabía que no tenía ninguna preparación, cuando tocó el turno a mi grupo, ingresamos, nos sugirieron relajarnos parado y cerrado los ojos, los brazos flexionados, palmas hacia arriba, lo único que sentí fue mucho peso, luego de un rato alguien me dijo que los tenía y me ayudo a integrarlo llevando primero mi mano derecha a la altura del pecho y luego la izquierda, no abrí los ojos por ningún motivo, quería disfrutarlo y vivirlo íntimamente, agradecí a Dios, pues en el fondo de mi ser sabía lo que me pasaba y que quizás no merecía nada, seguimos cantando para armonizarnos más, eso se decía.
Los instructores ya habían detectado al Xendra, estábamos en grupos de doce personas, tomados de las manos fuimos en completo silencio, esperamos hasta que el otro grupo termine, estando allí trataba de ver con mis ojos físicos donde estaba ubicado el Xendra, no lo ubicaba ni veía a esa media luna posada en el suelo, proyectada desde una nave. De pronto una persona apareció de la nada, luego otro y otro tomados de la mano, era el otro grupo que salía del Xendra, mi emoción creció desmedidamente, era una pared de energía de color azul violeta, una cúpula que se proyectaba desde arriba, no podía creerlo, ingresamos luego y nos hicieron sentar, una espina se me clavo en el muslo, esto, más la incomodidad de tener doblado los pies y el dolor no me permitieron estar tranquilo para apaciguar mi mente de la ansiedad, no logré tener mayor experiencia. Tampoco en ese tiempo sabía que había varias clases de Xendra.
Cuando todo hubo concluido descansamos, a la mañana siguiente, luego de hacer ejercicios psicofísicos y de un frugal desayuno, vino la parte más bonita, la narración de las experiencias en forma voluntaria. Lo que yo había vivido no era nada en comparación con lo que exponían los demás, era consciente de lo “pesado” que era como ser humano, tenía una vibración muy baja, espiritualmente ignorante, no sabía ni orar, era el colmo.
Terminados los relatos se dio lectura a los Nombres Cósmicos que se habían recibido en la noche, cuando finalizó, los que estaban más adelantados o tenían más tiempo en el grupo, no me conocían y preguntaban quién era Francisco Sosa y al conocerme seguramente sufrían una decepción, ya que les bastó mirarme y se alejaban dejándome en ridículo al querer presentarme, sufrí mi primera desilusión en el grupo ¿Entonces para que me buscan? -me pregunté-, al averiguar el porqué, me hicieron notar que para sus gustos no era el indicado en tener la terminación AM en mi nombre cósmico, me dijeron que era el único de todas las listas que tenía la misma terminación de Sixto Paz, quién tenía un rol fundamentalmente de base al interior de la Misión.
Tiempo después en sueños me vi a mí mismo que tenía en el pecho dibujado la estrella de seis puntas, lo que me despejó de la duda, tenía dentro de mí ser, a mis Cristales de Cesio.
No me cansaré de decirlo, en aquel tiempo no perdía la oportunidad para preguntar, era muy preguntón, solo así podría aprender, era un total ignorante en las cosas del espíritu, al preguntar aprendía cosas nuevas, no debía rechazar el camino mostrado, pues este debía ser mi padre y madre, que me daría protección, me guiaría, me brindaría toda su atención y me daría Amor, y así ha sido.